domingo, 7 de mayo de 2017

La tragedia

La condición humana de disfrutar de la tragedia es algo extraña. Para nadie es un secreto que una historia, indiferentemente de como sea narrada, ya sea como canción, película o libro, será mucho más llamativa si tiene algo de trágico; mientras más, mejor. Eso sin mencionar que, si el que disfruta de la narración se entera de que la historia que está percibiendo es o fue real, se le agrega un poco más de eso que nos causa placer y disfrutamos y sentimos mejor la historia. Esto me hace pensar que somos un poco sádicos, aunque no lo queramos aceptar. Vemos belleza donde hubo tragedia.

Solía juzgarme por eso, disfrutaba y aún disfruto historias que han sido basadas en el régimen Nazi, regimen que causó lo que probablemente fue la tragedia más grande de la historia (Schindler's list, el pianista, el niño del pijama de rayas, el diario de Ana Frank, la vida es bella, la ladrona de libros) ¿y quién no? si te cuentan algo real y trágico al mismo tiempo. Todo lo que puede emocionar a cualquiera.

No podía explicar el motivo por el cual adoro conocer este tipo de historias ¿curiosidad? o será parte de querer almacenar variedad de historias. Aún no lo entiendo. Lo cierto es que me causan demasiadas emociones. Un ejemplo de eso es que desde  aquella vez que vi el pianista, considero la Nocturna #20 de Chopin como una de las mejores obras maestras del piano, solo por las emociones que me provoca la pieza. Me pregunto si el pianista Wladyslaw Spilman habrá disfrutado su fama después de la tragedía o si, simplemente aprendió a vivir con ella y con las preguntas que siempre le hacían recordar las perdidas de su juventud.

Además de emocionarme, siempre me preguntaba cómo era que todo un pueblo había permitido que toda esa barbarie sucediera; no podía creer que alguien hubiese llegado a convencer a tanta gente  de cosas como sacrificar seres humanos por pensar distinto, por tener ideas distintas; convencer a tanta gente de cosas así me parecía increible. Recuerdo particularmente una escena del pianista en la que  una mujer mayor se hallaba en un ghetto, ella llevaba una lata de arvejas y a su lado pasó un joven que, de un zarpazo, se la tiró al suelo y comenzó a comer de ahí al mismo tiempo en el que la mujer comienza a llorar, a llorar como si esa lata de arvejas fuese lo único que le quedara en la vida. Eso no podía ser real ¿o si? ¿podía todo un pueblo permitir que eso pasara? Esa interrogante la tuve por mucho tiempo y la manifesté  muy pocas veces.

Ahora, no me queda ninguna duda; puede ser real. Soy venezolana  y me fue respondida esta pregunta de forma gráfica. He podido vivir la transformación de la mentalidad de todo un pueblo.

Probablemente otros disfrutarán de nuestra historia, por trágica que nos parezca, siempre alguien encontrará su belleza oculta " The collateral beauty".

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